“Tenemos
que avivar siquiera una llamarada de aquella misteriosa fuerza magnética que
existe entre alma y alma”.
Stefan Zweig
El ser humano es el más complejo, frágil
y poderoso de los seres que habitan sobre la tierra. Desde que nacemos, necesitamos
estar acompañados en nuestro crecimiento personal por: padres, maestros,
amigos, tutores, terapeutas, coaches,
ídolos…
No podemos desarrollarnos sin la ayuda
de los otros: y el éxito de esas intervenciones depende en gran medida de la
calidad de la relación afectiva que se establezca y del propio esfuerzo
personal.
¿Por qué esa necesidad del otro para
crecer, y sobre todo para sanar? Es curioso, porque en el fondo todo crecimiento y sanación
sólo pueden producirse desde dentro; pero no podemos obviar los increíbles
beneficios de hacerlo acompañado.
Stefan Zweig expresa muy poéticamente
esa magia que sucede en los encuentros personales, en el diálogo, en el
contacto afectivo, que por cierto, él reivindicaba especialmente para los médicos, pero que yo recojo también para maestros, coaches o terapeutas: “tenemos que avivar siquiera una llamarada de
aquella misteriosa fuerza magnética que existe entre alma y alma”.





