sábado, 13 de junio de 2015

A TU MANERA

“Los abismos más pequeños son los más difíciles de salvar” Friedrich Nietzsche.

Hoy quería defender el derecho de cada cual a su individualidad, a su diferencia, a su particularidad… pero en plena reflexión me he topado con la dificultad de que esa individualidad no sea más que un espejismo, o quizás, no.

El nacimiento del “yo” en la historia y en la literatura es algo que vino con la Modernidad. Curiosamente no siempre hemos sido reconocidos como individuos aunque ahora nos parezca de lo más normal e incluso nos hayamos vuelto todos muy individualistas. En otras épocas sólo importaba la colectividad, el grupo, el pueblo…

¿Qué valor puede aportar esa reivindicación de la individualidad?

Todos nos parecemos muchísimo, exageradamente mucho. ¿Alguien tiene un solo ojo, o tres, o una nariz de elefante, o unas orejas de burro? Somos tan, tan, tan parecidos… Y sin embargo nadie mira como yo, nadie escucha como yo, nadie siente como yo. Aunque el sistema se empeñe en enseñarme a mirar, a escuchar y a sentir según unos cánones estandarizados. El sistema se ha empeñado en enseñarnos a todos a escribir igual, pero sólo lo ha conseguido cuando nos ha sometido al teclado. La escritura manuscrita nos identifica, nos hace a cada uno distintos. Por eso la firma es la firma. A una misma escritura que pretende ser uniforme para todos, es inevitable que cada uno la marque con su personalidad. Así son las cosas.

Es que en la escritura, por debajo de la formalidad y de la uniformidad, que no hay manera de alcanzarla, está la personalidad, está la pasión, está tu estado de salud y tu impulso vital, está el momento que vives. Por eso es tan sumamente difícil suplantar a otro firmando por él. Y si se te ocurre hacerlo, un buen grafólogo lo descubre. Cada uno escribe y firma distinto.

Nuestra caligrafía, como metáfora de nuestra individualidad, es perfecta. Todos usamos las mismas letras, los mismos símbolos y aún así es inevitable que acabe delatando nuestra personalidad y nuestra trayectoria en la vida.

¿Y eso nos ocurre sólo en la escritura? De ningún modo. Nos ocurre absolutamente en todo. Nuestros andares, nuestra mirada, nuestra forma de tratar a los demás, nuestra manera de enfrentarnos a los problemas, nuestra forma de movernos en la vida, nuestra forma de amar y nuestra forma de odiar y detestar, llevan nuestro sello diferencial, llevan el sabor a nosotros.

Y aquí, lo verdaderamente importante no es ser distinto, porque inexorablemente lo somos, por más que nos empeñásemos en no destacar, en no diferenciarnos, en no distinguirnos. Lo verdaderamente importante es ser capaz de percibir en los demás esas tenues diferencias… que en realidad son las diferencias del sabor de la vida y del sabor de las personas que forman nuestro entorno. Tener sensibilidad para saborear esas diferencias. ¿Pequeñas? Pueden serlo; pero a menudo son determinantes.

¿Qué podemos aprender de esto? Pues debería salir reforzada la idea de que por más que haya alguien que haga las cosas mejor que tú, nadie las hará como tú. Y que lo que tú tienes que aportar al mundo sólo lo puedes hacer tú.

Además,  esforzándonos y empeñándonos en ese autoconocimiento, ahondando en lo que nos es más propio e íntimo, lograremos conocer mejor a los demás porque profundizar en nuestro mundo interior nos llevará a comprender mejor el mundo exterior.

Víctor Hugo lo expresa muy bien cuando dice: “Quan je parle de moi, je parle de vous” (cuando hablo de mí, hablo de usted). No tengas miedo a ser mucho tú. Curiosamente siendo mucho tú, te encontrarás pareciéndote mucho a tu vecino. Y es que lo que creemos más íntimo, muchas veces es lo más universal.

Si quieres brillar te invito a explorar las diferencias de tu “yo” que con toda seguridad será muy representativo de todo lo demás y de todos los demás.


IDEAS PARA RECORDAR:
Aunque el sistema se empeñe en enseñarte a mirar, escuchar y sentir, nadie lo hace como tú.
Tu escritura, tus andares, tus ideas…muestran tu personalidad, tu pasión, tu estado vital y tu trayectoria.
Lo que tú puedes aportar al mundo, sólo lo puedes hacer tú.
Explorar tu propia diferencia, tu experiencia más íntima, te ayudará a comprender a los demás y al mundo.
Tu YO es muy representativo de todo lo demás y de todos los demás.

Foto: MarCruzCoach