lunes, 12 de junio de 2017

VAYAMOS PENSANDO... EL FUTURO

"Hemos desmontado los mitos tradicionales antes de tener la precaución de montar unos nuevos" Javier Gomà

Vivimos tiempos convulsos y contradictorios. Hay un gran pesimismo sobre el futuro humano, es decir sobre nosotros mismos. Nadie tiene claro que a sus hijos y a sus nietos les espere un futuro mejor que el de sus padres. En este sentido, el futuro es trágicamente incierto. En cambio rebosamos optimismo (totalmente justificado) al hablar de avances técnicos. Tecnología, toda la que queramos; pero en cuanto a promesas de felicidad o justicia, total incertidumbre cargada de desconfianza. Hemos perdido la fe en muchísimos valores: en la religión, en la familia, en las instituciones, en la política, en la moral (tan alegremente sustituida por todo género de ocurrencias en todos los órdenes de la vida)… El postmodernismo nos trajo inteligentísimas “deconstrucciones” de la realidad; pero -como dice Javier Gomà- no tuvimos la precaución de crear nuevos mitos antes de destruir los viejos. 


Nos creímos muy listos haciendo análisis sobre el manejo del poder, que empezó basándose sobre todo en ingenierías conductistas y últimamente en lo que Foucault llama “las tecnologías del yo”. Nos sentimos muy aventajados y nos llenamos de orgullo al darnos cuenta de que Dios era un invento humano y no a la inversa, como se había creído hasta ayer, el hombre invento y creación de Dios. Nos proclamamos los más avispados, pero hemos de compungirnos de nuestra sagacidad al comprobar cuáles son los hilos que mueven la Educación, la Medicina, la Ciencia, la religión, la filosofía, la enfermedad mental, la política…, ¡Ah! ¡Y claro!, la familia es una mera estructura al servicio del patriarcado…


Y sí, casi lo hemos conseguido, nos hemos dado cuenta de que todo es un producto maligno humano, que estamos siendo hechos a imagen y semejanza de no sabemos quién o qué, desventuradas criaturas de un creador maligno, y que detrás de todo hay ciertos intereses indefinibles. Esto es visto como un logro de la inteligencia, sin duda. El problema es que estamos más cerca de la nada de lo que lo hayamos estado nunca antes.

En las sociedades líquidas donde la Razón puede desmontarlo todo a velocidad de vértigo, nos hemos entregado a la exaltación de las emociones, de las vivencias personales e individualistas. Desquicie absoluto en una de las sociedades más contradictorias que hemos sido capaces de crear.

Por una parte sólo nos interesa la Ciencia y la Tecnología; por otra vivimos el gran auge de  las medicinas alternativas y la homeopatía. Hemos perdido la fe en Dios y en la Religión; pero libros como el Secreto o Curso de Milagros tienen más adeptos que nunca.  Y por supuesto, fe absoluta en la espiritualidad y las energías cósmicas.
No sé. Seguramente estamos en una etapa de transición: ¿Hacia dónde? Escalofríos.
No nos sirven los lenguajes y las explicaciones anteriores y aún no tenemos diseñado el marco en el que queremos vivir. Pero una cosa es bastante cierta: en el diseño hay que dejar espacio a la fe y a la esperanza, virtudes sin las cuales ninguna sociedad avanza; como tampoco es posible que avance ninguna sociedad sin un marco mental de principios y valores claros.

Veníamos de épocas muy maniqueas donde teníamos que elegir entre Fe o Razón, Inteligencia o Emociones…  Ahora sabemos que la dificultad no está en tener que elegir sino en saber combinar las dosis justas y su alternancia. Incluso entre el Bien y el Mal, que el relativismo en boga pretende hacerles convivir en armonía.

Y puestos a pedirle algo más al nuevo diseño, sería interesante saber a dónde queremos ir y cómo. Es importante el objetivo y el camino, es importante la meta y saber qué aliento, qué alma nos va a impulsar para desarrollarlo. De igual manera que es casi más importante preguntarles a los jóvenes cómo quieres ser de mayor  y no qué quieres ser de mayor. Sí, imprescindible saber qué valores acompañarán nuestro camino.

Y tampoco olvidemos que somos seres sociales y que la vida en comunidad nos resulta esencial. No creemos comunidades pequeñas y asfixiantes, pero tampoco vayamos a creernos que podemos vivir aislados en nuestra íntima individualidad. No al provincialismo y no al individualismo feroz, sí a las comunidades respetuosas de las libertades humanas.

Vayamos pensando…

IDEAS PARA RECORDAR:
Hemos destruido los anteriores mitos y ritos, es decir, los marcos conceptuales sin haber tenido la precaución de construir unos nuevos.
En las sociedades líquidas lo desmontamos todo a velocidad de vértigo y rápidamente nos quedamos en la nada.
Para poder avanzar necesitamos nuevos marcos filosóficos con sus mitos y sus ritos. En ellos debe haber espacio para la esperanza, principios claros y valores bien definidos.
Básico: una nueva Inteligencia que sepa moverse más allá del dogmatismo y el relativismo, que sepa que la dificultad no está en elegir entre opuestos sino en saber combinarlos en las dosis justas y tal vez, en alternarlos.
No al provincialismo y no al individualismo feroz. Sí a las comunidades respetuosas de las libertades humanas.


Foto: MarCruzCoach