viernes, 14 de noviembre de 2014

EL PODER DE DAR VALOR A LO COTIDIANO


“Quien tiene un ‘porqué’ para vivir, encontrará casi siempre el ‘cómo´” F. Nietzsche

En circunstancias normales todos tenemos lazos sólidos que nos unen a la vida. Yo lo percibo en el amor de los padres a sus hijos, en artistas que respiran arte, en  maestras vocacionales, en escritores que no viven si no escriben, en empresarios que vibran con sus negocios o en personas que se desviven por los más desfavorecidos...

Viktor Frankl fue un psiquiatra que sufrió durante varios años los horrores de un campo de concentración. Allí esos lazos con la vida eran muy difíciles de sostener porque las circunstancias le privaron de todo:  su familia, su profesión, sus pasiones, su ropa, su pelo, su nombre… en definitiva, le privaron de su dignidad y de su ser. Y sin embargo, él y muchos compañeros se pudieron mantener a flote. Fue en esa situación extrema donde el psiquiatra tuvo una experiencia excepcional: allí descubrió la sorprendente fuerza de dar un sentido a lo cotidiano.

Observó que a falta de esos grandes motivos que te atan a la vida, todos ellos se agarraron a nimiedades que les permitieron sobrevivir. Igual que se lo permitía la escasísima dieta con que se alimentaban.


Explica Victor Frankl -en su libro “El hombre en busca de sentido”- cómo, por ejemplo, daba sentido a sus actividades,  la posibilidad de acumular cupones para conseguir cigarrillos que a su vez eran intercambiados luego por raciones de sopa. O cómo le ocupaba el día provechosa y satisfactoriamente, reunir migas de pan para un compañero enfermo. También subraya como un aporte decisivo a sus ganas de vivir, su empeño en reescribir el manuscrito que le requisaron nada más llegar. La recuperación de sus escritos se convirtió para él en algo vital. Sobre este empeño se montó un plan de futuro que fue determinante para mantener un estado emocional que le asegurase la supervivencia.

Allí descubrió que nos pueden robar casi todo menos la actitud con la que uno se quiere enfrentarse a lo que le sucede.

A partir de sus experiencias en el Campo de Concentración, que confirmó luego en su consulta, descubrió que urdiendo con destreza estos lazos que nos apegan a la vida, -a pesar de que el sufrimiento, la enfermedad y demás contratiempos de la vida nos hayan dejado tan sólo esas motivaciones tan tenues, desdibujadas y borrosas-, podemos construir un estructura coherente y significativa para seguir adelante. En esta idea basó su logoterapia.

Esta experiencia muestra que, en circunstancias muy duras, dotar de significado a lo cotidiano, focalizarse en pequeños logros diarios nos da ánimos y fuerza ante la adversidad. También, tener un objetivo claro por pequeño que sea nos da energía y nos permite sobrellevar mejor los esfuerzos del camino. Es decir, Frankl encarnó a la perfección la célebre frase de Nietzsche “Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo". 
Es cierto que estas metas de futuro hacen surgir una tensión en nosotros, porque nos impulsan hacia algo que no tenemos; pero Frankl vio con claridad que esta tensión nos puede asegurar la salud mental. 

Pues bien, si esas minucias como juntar cupones o recoger migas ayudaron al célebre psiquiatra a mantenerse a flote en una situación insostenible, mucho más nos han de ayudar a nosotros tener grandes objetivos, grandes metas, capaces -con toda seguridad- de darle alas a nuestra vida.

IDEAS PARA RECORDAR:
Todos tenemos lazos fuertes que nos unen a la vida. Si se resquebrajan, debemos reconstruirlos para seguir adelante.
Tener una causa por la que vivir nos llena de una energía invencible.
Concentrarse en pequeños logros diarios nos da ánimos y fuerza ante la adversidad.
Nos pueden robar todo menos la actitud con la que nos enfrontamos a las dificultades.
Focalizarnos en la meta, nos permite sobrellevar mejor los esfuerzos del camino.
Los grandes objetivos dan alas a nuestra vida.

Foto: MarCruzCoach