domingo, 4 de octubre de 2015

ID A ALGÚN SITIO QUE SEA DIFÍCIL LLEGAR

Id a algún sitio que sea difícil llegar”. Esto es lo que recomendaba el escritor David Foster Wallance a todo aquel que quisiera dedicarse al noble oficio de escribir.  


Es un reto muy inspirador para un novelista pero también para cualquier persona que quiera disfrutar intensamente de su vida. Hay caminos fáciles pero no te llevan muy lejos ni muy alto. Además todos tenemos la experiencia de que permanecer en la comodidad inmediata nos suele traer muchos problemas.

¿Qué nos proporciona la dificultad? Nos ofrece desafíos, retos, estimula nuestra curiosidad, nuestra imaginación, nos pone a prueba, incentiva la acción, nos obliga a medirnos las fuerzas, nos empuja a la superación e incluso a algunos les inspira  al heroísmo.

Hacer sólo aquello que uno es capaz, nos lleva a la monotonía, a la rutina,  al aburrimiento, al tedio, a la complacencia y al estancamiento. Sabemos que quien se mantiene en su zona de confort y no sigue aprendiendo cosas nuevas en su vida o en su profesión ni siquiera es capaz de mantener su nivel porque inevitablemente irá para atrás. Quien no se mueve no sólo no adelanta sino que retrocede.

Citius, altius, fortius es el lema por excelencia de los deportistas: más rápido, más alto, más fuerte. Eso es lo que hace el entrenamiento: te hace ir más rápido, llegar más alto y ser más fuerte. Te hace avanzar en esas cualidades. Visualízate en aquello que quieras mejorar y tenlo siempre presente para superarte a ti mismo sin esquivar la dificultad.

¿Qué sucede cuando uno llega a un sitio difícil de llegar? Los montañeros conocen muy bien esa sensación inenarrable de conquistar una cima. Por increíble que parezca: el cansancio desaparece y la vista, el panorama y la satisfacción personal inundan esos momentos de euforia. Ese espíritu del montañero define muy bien la naturaleza humana, la llevamos dentro, aunque a veces nos resulte incómoda. Nos gustan los retos, los necesitamos y nos hacen mejores. Cada cual sabrá los suyos, sus “montañas” particulares para escalar y conquistar.

No dudes y ve hacia la que te parezca más atractiva. “Atrévete a soñar”, a soñar con lo difícil, con lo que parece imposible, porque la “dificultad” es el mejor estímulo para el camino.
Tan importante como llegar a la cima, es tener energía para ir disfrutando del paseo. Los montañeros no esperan al final para sentirse bien. Ya lo hacen mientras van caminando, compartiendo con compañeros, respirando el aire puro, recreando su vista en los maravillosos paisajes, oliendo a campo… Si el reto de llegar a la cima no te proporciona energía para disfrutar el camino es que vas equivocado porque la sensación del camino tiene que parecerse a la de la cima.

Atrévete a confiar en ti. Sólo un yo atrevido y seguro de sí mismo emprende grandes retos.
Te pueden acusar de loco o engreído,  pero como dice el autor argentino Andrés Rivera –también dirigido a los novelistas- que “la literatura despierte tus jactancias”. Pues eso, que la vida despierte un profundo amor y confianza en ti mismo.  Vas a necesitarlo: sin confianza en tus propias convicciones puedes desfallecer muy rápido. No dejes que las críticas te frenen, es más, aquello que te censuren “cultívalo”, señal de que vas bien y de que has encontrado un nuevo camino por explorar.

Si quieres brillar “ve a algún sitio que sea difícil llegar”.

 IDEAS PARA RECORDAR:

Hay caminos fáciles pero no te llevan ni muy alto ni muy lejos.
La dificultad estimula nuestra superación personal.
Quien no se mueve, no sólo que no adelanta sino que retrocede.
El espíritu del montañero define la naturaleza humana: nos gustan los retos.
Sueña con lo imposible, es la mejor gasolina.
El camino tiene que parecerse a la cima.
Que la vida despierte un profundo amor a ti mismo.
Aquello que te censuren, cultívalo.
Si quieres brillar, “ve a algún sitio que sea difícil llegar”.

Foto: MarCruzCoach