miércoles, 21 de octubre de 2015

ÉXTASIS Y PASIONES

"A pesar de todo, la vida es bella". Goethe

En la película “El secreto de sus ojos” pudieron atrapar al asesino siguiendo el hilo de sus aficiones porque “uno puede cambiar de casa, de coche, de ropa, de marido/mujer, de partido político, de país... pero uno no puede cambiar de pasiones”.

Es así́ de sencillo: si hay algo que nos delata y habla por nosotros, son nuestras aficiones y nuestras pasiones, porque en ellas está nuestra verdadera esencia y sólo ellas nos hacen latir y conectar profundamente con la vida.

Lo que realmente deseamos es sentir algo profundamente: queremos vivir enamorados, emocionados y, a poder ser, entusiasmados (poseídos por los dioses).

Es obvio que buscamos eso: necesitamos dioses, amantes, drogas, ideas por las que vivir o morir, personas a las que entregarnos, causas dignas por las que luchar; y si no las tenemos, nos las inventamos.

Los líderes suelen ser personas entusiastas, aferrados a causas nobles o no tan nobles, pero en cualquier caso, con visiones potentes y claras. Y resultan tan atractivos, que la mayoría los seguimos porque queremos la misma droga, queremos sentir  como ellos.

Y es que ­como dice Zweig­ la humanidad nunca ha seguido a los moderados: ésos no nos atraen porque la razón no engancha tanto, es una fuerza regulativa pero no creativa. Nos gusta que nos mantengan unidos a nuestras dosis de locuras.

Pero no parece tan fácil tener esas pasiones, que en el fondo no son más que nuestro verdadero motivo, el verdadero sentido de nuestras vidas.

Una amiga me escribió́ una vez: “Ayer compré un cuadro. Un magnifico cuadro de una de mis artistas preferidas, una artista de verdad, de arriba abajo. Vive y siente la pintura como la vida. Respira arte (...) hoy no he dormido bien. Envidia, creo. Envidia de que alguien sienta algo tan profundamente, de que lo haga tan bien y desde dentro del alma. De que alguien tenga algo a lo que aferrarse y respirar a su través. Hoy me siento vacía. Me he quedado sin habla”.

Recuerdo sentirme plenamente identificada en su emoción y es que a una vida moderada y equilibrada siempre le falta algo de vitalidad. De hecho, la depresión no es más que la ausencia de pasiones: es una olla fría en la que no bulle nada.

Constaté la misma experiencia mientras veía como el personaje “sano” de la película “The Solist”, el periodista, quedaba absolutamente prendado ante lo que podía sentir el músico ­“enfermo” de esquizofrenia­ tocando el violín, sintiendo y respirando la música dentro de él. Su pasión por la música le hacía sentirse extraordinariamente vivo: una viveza no exenta de sufrimiento. Y esa vivacidad, ese arraigo a la vida era una emoción tristemente desconocida para el periodista.

Son esos momentos de éxtasis ­que parecen locos, fuera de sí y fuera de la realidad­, los que dicen mucho de quiénes somos. Pero no sólo eso, hay algo aún más importante que encontramos en la propia definición de “έκ­στασις ek­stasis” que lo deja muy claro: ”se trata de un estado de plenitud máxima, usualmente asociado a una lucidez intensa que dura unos momentos. Tras su fin, la vuelta a la cotidianidad puede verse incluso transformada por el evento previo, pudiéndose sentir aún algún grado constante de satisfacción. Es entonces una experiencia de unidad de los sentidos, en la que pensar, sentir, entender e incluso hacer, están armónicamente integrados.”

En el éxtasis hay desconexión momentánea de la realidad pero no hay caos, no es absurdo lo que se vive ahí́, sino pura lucidez.

Ya sé que no es oro todo lo que reluce, porque en la pasión hay más padecimiento que goce, por eso se llama pasión: el músico enfermo es capaz de sentir (gozar y sufrir) lo que jamás sentirá́ (gozará y sufrirá́) el periodista sano. Y debe ser por eso mismo que como vivimos instalados en una filosofía tremendamente gris y fofa, la situación no nos invita a vivir apasionados. Nos ofrece goces fáciles, totalmente a mano y bajo la protección del Estado del Bienestar, que nos anestesia para que no sintamos dolor. Es que vivimos en la era de la anestesia (sin sensación). Las cosas ya no hay que ganárselas ni sufrir por ellas.

Bueno, cada cual puede elegir: pero como dice un amigo mío: “mejor morir ardiendo que vivir congelado”.

IDEAS PARA RECORDAR:
En las pasiones encontramos nuestra verdadera esencia: son las que nos conectan profundamente con la vida.

Nos encanta vivir enamorados, apasionados y entusiasmados (poseídos por los dioses).

La humanidad nunca ha seguido a los moderados. La razón como órgano regulativo es necesaria, pero no nos engancha como las pasiones que nos hacen ser mucho más creativos.

El éxtasis es un momento que nos permite vivir plenamente desde todos los sentidos una experiencia que nos lleva fuera de nosotros y que va asociada a una lucidez intensa.

“Mejor morir ardiendo que vivir congelado”: sin haberse enterado de qué va esto de vivir intensamente.

Foto: Bioguía