viernes, 6 de noviembre de 2015

EL TORMENTO Y EL ÉXTASIS: QUIEN TIENE UNA PASIÓN, TIENE UN DESTINO

“Mira como cada una de tus virtudes codicia lo más alto de todo: quiere tu espíritu íntegro, para que éste sea su heraldo, quiere toda tu fuerza en la cólera, en el odio y en el amor”  F.Nietzsche



Animada por un amigo, sigo hablando de pasiones: es que en ellas está realmente la clave para vivir intensamente; bueno para vivir sin más. El secreto reside en estar conectado con ellas, en no ocultarlas, apartarlas o silenciarlas, cosa que parece que hacemos con muchísima frecuencia, sino en darles rienda suelta sin entrar en grandes reflexiones.

Las pasiones florecen cuando dejas que tu brújula interior tome el mando, cuando permites que tu sello personal se despliegue, cuando dejas que tu diferencia aflore y se potencie. Si te entregas a ellas, todo fluye de una manera más sencilla. Y digo sencilla, no por fácil, no porque esté exenta de dificultades sino porque sentirás que para ti es la única manera de estar en el mundo: y eso es un gran regalo.

El título del post me lo ha inspirado ese clásico del cine sobre Miguel Ángel “El tormento y el éxtasis”. La película se centra en las emociones, sentimientos, alegrías y tormentos que vivió el artista mientras pintaba los frescos de la capilla Sixtina; y es un claro ejemplo de lo que significa permitirse ser uno mismo guiado por su propio sello.

A Miguel Ángel jamás le importó la fama o el dinero. Su gran cualidad fue respetar y amar profundamente su propio instinto sin cuestionarlo. Nació escultor, veía a David, a Moisés, la Piedad donde el resto sólo hubiésemos visto un gran pedrusco. Se negó en un primer momento a realizar los frescos que le encargó el Papa Julio II; y, por supuesto, le desobedeció en cuanto al contenido de los mismos. Por una sencilla razón: sólo podía pintar y hacer lo que sentía. Sólo podía ser como era. Era la más pura alézeia: la necesidad imperiosa de mostrarse y desenvolverse tal como era, sin la menor concesión a la hipocresía de la apariencia fingida para obtener la aprobación de los demás.

No escatimaba en esfuerzos: se pasaba días sin dormir, sin comer, pensando en las formas, los colores, la expresión de los rostros… como les pasa a los enamorados. Y es que sobrevivir pierde valor frente a súper vivir, que diría José Antonio Marina.

Súper vivir no es vivir muy cómodo, ni tranquilo, ni tumbado en una hamaca. Con toda seguridad te dará trabajo, te meterá en problemas, te exigirá esfuerzo y dedicación. Miguel Ángel tardó cuatro años en esculpir su David y vivía en esa agonía (esa batalla que siempre parece la definitiva) de artista que se empeña en definir lo indefinible concebir lo inconcebible y abarcar lo inabarcable.

Me gusta especialmente cuando Contessina de Medici le dice a Buonarrotti que la Capilla Sixtina no es una obra de arte sino un acto de amor. Me hizo pensar que todas las obras de arte son actos de amor, y que todas las pasiones no son más que el reflejo de un profundo amor a la vida y al regalo de estar vivos.  El amor -dice Contessina- es extraño, tiene el idioma de la sangre: ni frío ni indiferente, no es tormento ni éxtasis y es ambas cosas a la vez.

Otra cuestión que nos  suele incomodar y -que expresan mis clientes a menudo- es el hecho de pensar que nuestras pasiones no son útiles, y por lo tanto, tenemos que dejarlas un poco de lado reducidas a mera afición. ¿Os imagináis que Miguel Ángel sólo hubiese pintado o esculpido en sus ratos libres? ¡Qué desastre! ¿Os imagináis que el Buonarrotti se hubiese puesto a reflexionar para qué sirve una escultura, una pintura o el arte en general? ¡Otro desastre! ¿O que se hubiese atenido rigurosamente a la idea y a la voluntad del que le hizo el encargo? ¡Una auténtica ruina! 

Tenemos varias opciones: una, sería no plantearnos demasiado su utilidad, otra, redefinir el concepto mismo de la utilidad; y, por último, confiar en que todo lo que emana de nuestro corazón está muy por encima de la utilidad. Para las pasiones no valen los criterios de utilidad (“usabilidad”). No está en la naturaleza de las pasiones el “ser usadas”, porque se resisten totalmente a ello. Si algo es posible (y por ahí andan los genios) es que sean las pasiones las que tiren de nosotros. No nosotros los que tiremos de ellas.

Yo apuesto por esto último, porque en cualquier caso, sentir que uno tiene una pasión y, por tanto, un destino, es el mayor regalo para un ser humano.

Nietzsche dice: “Una virtud terrena es lo que yo amo: en ella hay poca inteligencia, y lo que menos hay es la razón de todos. Pero este pájaro ha construido en mí su nido: por ello, lo amo y lo aprieto contra mi pecho, -ahora incuba en mí sus áureos huevos”.

La pasión, en efecto, no admite cálculos: es ella la que nos posee. Es ella la que hace que estemos poseídos por una fuerza superior a nosotros mismos.

IDEAS PARA RECORDAR:

A las pasiones hay que darles rienda suelta sin muchas reflexiones.
Las pasiones florecen cuando despliegas tu sello personal y permites y potencias tu diferencia.
Si te entregas a ellas sentirás que -para ti-, sólo hay una manera de estar en el mundo.
La gran cualidad de Miguel Ángel fue respetar y amar profundamente su propio instinto sin cuestionarlo.
Sobrevivir pierde valor frente al súper vivir.
La pasión y el amor no son tormento ni éxtasis: son ambas cosas a la vez.
El mayor regalo para un ser humano es sentir que tiene una pasión y, por lo tanto, una fuerza irresistible que lo empuja hacia un destino.

Foto: Mt.Santa Rita