miércoles, 18 de noviembre de 2015

LA PASIÓN EN EL AMOR

Da más fuerza sentirse amado que saberse fuerte J.W.Goethe.

Las pasiones tienen mucho éxito y mis lectores me han pedido más.

Esta vez, mientras reflexionaba sobre ellas, no he podido evitar irme a las pasiones amorosas.

Alguna vez había escrito que tu pasión será tu amor. Y ahora pienso que tu amor tiene que ser apasionado. Cuando utilizo este término no hablo de amor posesivo, ni castrante, ni celoso, ni nada de eso que dé lugar a dar o recibir maltrato… ¡obviamente!

A lo largo de la historia, las sociedades han promocionado distintas maneras de entender el amor: porque no se refieren a lo mismo el “amor cortés”, “el amor barroco”, “el amor ilustrado” o el del Romanticismo.  

En la sociedad actual, fofa e insulsa, calificada de  “Modernidad líquida” por el sociólogo Zygmunt Bauman,  se ha dejado de promocionar el amor pasional. Ahora se lleva algo muy aséptico que nos proporciona ciertos placeres y que no nos da muchos problemas. Sé que no puedo generalizar, pero vemos con muy buenos ojos la idea de los amigos con derecho a roce. No es que me parezca moralmente mal, ni que no le vea sus ventajas, ni mucho menos. Simplemente es que al lado de un amor de verdad, ese tipo de relaciones me parecen un solemne aburrimiento, por su baja intensidad. Eso sí, así te aseguras que no habrá tormento, que no habrá pasión, que no sufrirás.


Recuerdo a un conocido presumir de tener ese tipo de relaciones tan anestesiadas. Cuando yo mostré “mi inquietud” ante ellas, me dijo que es que yo quería un amor con apego. En fin, me dio la paliza hablándome de las maravillas de tener relaciones desapegadas y lo hizo con gran condescendencia ante lo que él interpretaba como mi sublime ignorancia (o visión tradicional del amor). Debo confesar que me lo miré un par de veces de arriba abajo y pensé que no había mujer que quisiera pegarse a él; y como no podía darse cabezazos contra la realidad, hizo del desapego ¡su bandera! Se lo dije, ¡claro que sí! Fue una pequeña maldad. Lo sé.

Sé que esta filosofía ante las relaciones de pareja no es algo muy personal de este conocido. Las librerías están llenas de libros que lo promocionan y muchos están instalados en ellas como lo único y lo mejor posible.

Hay una parte que entiendo, especialmente porque hay muchas mujeres -en general- que se entregan mucho y después no reciben lo que esperan. Entiendo que hay un valor en el desapego en tanto que no hay que depender nunca jamás de nadie, que todos somos naranja entera y no necesitamos protecciones ni superhéroes a nuestro lado.
Pero lo cortés no quita lo valiente; y amar es amar, enamorarse es enamorarse, y un amigo con derecho a roce -“un amigo desapegado”-  no le llega ni a la suela de los zapatos a un hombre enamorado. La verdad suele ser muy simple.
Sin darme cuenta he pasado a hablar para las mujeres, pero lo mismo debería  valer a la inversa, aunque no estoy segura de si tanto.

En el amor, como en casi todo, hay niveles, hay dimensiones. Yo acepto que jamás sentiré la música como lo hizo Bach o Mozart: y eso que me encanta escucharles. Pero no voy a negar lo evidente y es que ellos disfrutaron mucho más de la música que yo. Pues igual en el amor.

Es cierto que si te enamoras y después pierdes a esa persona vas a sufrir y puedes sentir nostalgia; pero pienso que es una suerte tener algo que añorar, tener algo valioso perdido. Me parece mucho más triste no tener nada que perder.

¿Os imagináis a unos padres intentando no tomarles demasiado cariño a sus hijos? ¿O a unos hijos esforzándose en no amar a sus padres? !Ay… l’amour!
Lo llaman amor con desapego, no sé si podría tener nombres más feos o más bonitos, o llamarlo simplemente sexo.

En mi anterior post dije que toda obra de arte es una obra de amor. ¿No sería maravilloso que intentásemos que nuestro amor fuese una obra de arte?

No pretendo hacer una apología a los amores gitanos o de Romeo y Julieta: porque uno tiene que trabajar, cuidar a los hijos, comprar, estudiar… Pero las cosas bien hechas, el amor bien hecho (esto tiene varias lecturas) requiere pasión, dedicación, ternura, entrega… y todo eso no puede suceder desde el desapego.

No estoy descubriendo nada, el amor no lo he inventado yo, ni la mejor manera de vivirlo. Recurro con mucha frecuencia a la literatura para desmenuzar la condición humana: en ella se refleja todo con una claridad meridiana. Mucho más en este tema. Quizás no hace falta que siga hablando, simplemente os invito a leer a Neruda, a San Juan de la Cruz, a Rilke, a Bécquer,  a Machado, a Fernando Pessoa y a tantos otros…
¡Leedlos y veréis qué risa os produce el canto al “desapego”!

Nietzsche decía que el amor de pareja era un invento femenino. Bueno, todo es muy discutible, pero estaría dispuesta a darle la razón. Sólo que a continuación añadiría que eso no le resta ningún valor. También es un invento la Declaración de los Derechos Humanos, las Leyes, la idea de Justicia, del Bien social … en fin, vivimos en valores creados por nosotros, por supuesto, pero eso no sólo no le resta, sino que le añade mucho más valor a la Humanidad.

El amor, no sólo el amor apasionado en la pareja, requiere mucha más reflexión, porque el amor abarca mucho en nuestras vidas.  Me encantó cuando en el final de la novela -Los perros y los lobos- de Irène Némirovsky, la protagonista dijo: “he sido feliz porque he sido amada”. Quizá será que el amor es la clave principal para nuestra felicidad.

Y para acabar, esta maravillosa reflexión de Rilke, que nos dice: “El amor es difícil. El amor es quizás la prueba más difícil que hemos de superar, es el más alto testimonio de nuestra condición. La obra suprema: todas las demás no son sino preparativos. Es por ello por lo que los seres jóvenes, nuevos para todo, no saben amar: tienen que aprender. Con todas las fuerzas de su ser concentradas en su corazón que late ansioso y solo, aprenden a amar. Todo aprendizaje es tiempo de clausura.”

IDEAS PARA RECORDAR

¡AMA APASIONADAMENTE!

Foto: Mt.Santa Rita