jueves, 7 de enero de 2016

Y EL TIEMPO PASA...


"La madurez del hombre es haber recobrado la seriedad con la que jugábamos cuando éramos niños." F.Nietzsche.

Hoy quiero hacer una reflexión sobre el paso del tiempo, quizá sobre la vejez. Aún estoy muy lejos de ella; pero sí que tengo ya la conciencia de que no puedo decir que soy joven. La juventud, dice M. Busquets, es la primera corona que perdemos para no recuperarla nunca. Y como en tantas cosas que nos pasan en la vida, no tenemos manuales de uso.

Sabemos que el hombre es mortal; pero eso es una media verdad porque somos mortales de repente. Y por eso, mientras tanto, nos podemos permitir el lujo de vivir como si fuéramos inmortales. Es una gran jugada. Sí, es una cosa que nunca había pensado; pero es así: mortales de repente. Por eso dice el filósofo que la muerte no es un problema porque cuando yo estoy, la muerte no está y cuando está la muerte, yo ya no estoy. (Bueno, ahora hay algún neurocientífico como Gaona, que están hablando de ciertos indicios de que la consciencia persiste… pero no me voy a liar con eso).

El caso es que de la muerte nos podemos olvidar (aunque sea un error hacerlo) pero de haber perdido la juventud, y de que nos llega la madurez y la vejez no: porque es algo que se nos impone y con lo que  tenemos que lidiar.

Tolstoi decía que la mayor sorpresa en la vida de un hombre es la vejez, y es cierto: porque te haces viejo de repente, un día mirando una foto antigua o simplemente mirándote más detenidamente en el espejo. ¡Terror!

Hay quien dice que te haces viejo el día que empiezas a parecerte a tus padres o simplemente el día que ya no le interesa a nadie lo que tú explicas. En fin, ¡habrá que estar preparado! Aunque hay otra verdad, cierto que excepcional: y es que hay afortunados y afortunadas que nunca llegan a envejecer. Y no es el caso patético, tan frecuente, de esos adultos rozando ya la vejez, que visten y actúan como adolescentes, que huyen desesperados de la más remota posibilidad de parecerse algún día a sus padres.

La vejez nos sorprende por muchas cosas: una, porque siempre nos parece cosa de otros, como todas las desgracias (eso los que la ven como una desgracia); otra, porque se acerca a hurtadillas, sigilosamente; y otra más, porque la mente sigue igual y empieza a darse una disociación cada vez mayor (¡sólo en la inmensa mayoría, claro está!) entre las posibilidades de nuestro cuerpo y las de nuestra alma: nuestra alma permanece joven (¡no adolescente!), capaz de generar proyectos y mirar al futuro. Y hay afortunados  cuyo cuerpo es capaz de seguir a su alma: tan sensata que no le pide audacias físicas. Juventud en la mirada y en el porte.

Un allegado mío, y no es broma, un mes antes de morirse nos dijo con toda la solemnidad del mundo que quería pedir una hipoteca (a los 86 años) para comprarse otro piso. ¡Qué maravilla! No se acordaba de que tal vez un día le tocaría dejar este mundo. De verdad que somos increíbles. Nadie se atrevió a responderle.

Mis amigas me consideran optimista. A veces lo soy por convicción pero otras sólo por obligación: es que yo no veo un Plan B al optimismo. Así que siguiendo ese espíritu de hacer una lectura positiva de las cosas que inexorablemente nos pasan en la vida, me he encontrado con muchas perlas y alabanzas a la vejez.

Sin ir más lejos, esta semana veía la película basada en una novela de García Márquez, y su protagonista confesaba que su primer amor lo tuvo a los 90 años. Así que a todos aquellos que aún no hayáis conocido el amor, que sepáis que hay esperanza. Además a su edad se consideraba mucho mejor amante porque tenía mucho más tiempo para dedicarse al amor. Y mucha mayor experiencia, con todos los errores cometidos ya y superados.

De hecho, así debería ser el verdadero amor, porque Platón decía cosas tan bellas como que “se liberará de la tiranía de los sentidos y contemplará otras formas de belleza, más elevadas, como la belleza personal y moral, incluso atrapada en un cuerpo envejecido”.

Bueno, pues eso, que a la vejez se conocen otras formas de belleza más elevadas. Espero que Platón se refiriese también al cuerpo envejecido de las mujeres, porque ya sabemos que en la mujer cuerpo y destino son una misma cosa.

Debe ser por eso que fue una mujer, Bett Davis, quien dijo que la vejez no está hecha para los cobardes. ¡Courage! Nos dicen en Bélgica.

Sería interesante hacer una relectura de la madurez y la vejez; y para empezar deberíamos decir que la edad no debería medirse por el tiempo que uno ha vivido, sino por los años que uno pretende seguir viviendo. Y que lo que nos debe preocupar no es envejecer sino saber madurar. Tener siempre presente no qué quiero ser de mayor sino cómo quiero ser de mayor.

Además hemos de tener presente que nuestro interior tarde o temprano nos acaba atrapando y -como dice M.Busquets- acabaremos siendo lo que somos. La belleza y la juventud sólo sirven para camuflarnos durante un tiempo.

Y siguiendo con las recomendaciones del viejito de García Márquez, un buen secreto para la vejez es amar mucho: porque la gente enamorada es más feliz, y la gente feliz parece mucho más joven. Bueno, no es que lo parezca: ¡lo es!

No tenemos manuales de uso para enfrentarnos a la vejez, pero sí hay muchísimos cantos a la madurez y a la sabiduría que ésta nos puede aportar. La juventud es una época de ensayos y errores, muy necesaria para aprender; pero quizás no la ideal para permanecer en ella. Pablo d’Ors considera una bendición llegar a la madurez. Perdemos la corona de la juventud, pero debemos intentar merecernos llevar la de la lucidez que puede llegar a ser mucho más gratificante.


IDEAS PARA RECORDAR:

El hombre es mortal de repente; por eso, a veces vivimos como si fuésemos inmortales.
La vejez llega: y debemos saber que puede ser una gran etapa para amar y ser felices.
La edad no debería medirse por el tiempo que uno ha vivido, sino por los años que uno pretende seguir viviendo.
No nos debe preocupar envejecer, sino saber madurar.
Nuestro interior tarde o temprano acaba atrapándonos.
Dejar atrás la corona de la juventud puede ser muy liberador; sobre todo si uno es capaz de ponerse la de la lucidez.
Un buen secreto para la vejez es amar mucho porque la gente enamorada es más feliz, y la gente feliz parece mucho más joven.

Foto. MT.Santa Rita