viernes, 10 de marzo de 2017

SUB SPECIE AETERNITATIS

Malgasté el tiempo. Ahora el tiempo me malgasta a mí.William Shakespeare

Solemos claudicar en un proyecto por pensar que ya vamos tarde, seguramente porque nos consideramos mayores para empezar de principiantes en alguna nueva actividad. Recuerdo como si fuera ahora mismo el día que fui a probarme el vestido para la boda de mi hermana. La dueña de la tienda me contó que se había quedado viuda con cuarenta y dos años y que en ese momento pensó que se le había acabado la vida. Tras decir esto me miró y me dijo: Pero, ¡claro que he tenido vida y no una, sino muchas! Por aquella época, yo tenía veintitrés años y no acababa de entenderla pues yo tenía la eternidad por delante, aún pensaba que la vida, la única… era larguísima, pero me impactó tanto su tono que se me quedó grabada la escena.

Ahora ya voy comprendiendo a la señora y su sensación de que no tenemos  suficiente tiempo para empezar algo nuevo. Pero nos vale la pena su experiencia de que sí, de que hay tiempo, de que se pueden hacer muchas cosas.
Mi maestro Sensei, que habla hasta latín, siempre dice: “Sub specie aeternitatis”. Siempre que se propone una nueva tarea, un nuevo aprendizaje, una nueva actividad lo hace “bajo la perspectiva de la eternidad”. Es decir, si quieres hacer algo, imagina que tienes todo el tiempo del mundo, no te acotes también el tiempo porque mi experiencia es que la gente a los cuarenta ya no empieza nada porque no da tiempo y efectivamente le llegan los cincuenta, sesenta, setenta, ochenta, noventa… y no hizo nada durante cincuenta años porque no tenía tiempo.

A veces la excusa es que no hay tiempo para ser realmente bueno en algo. Bien, pues igualmente te darán los ochenta y no habrás hecho eso que querías ni bien ni mal, simplemente porque no lo intentaste y pensarás como Shakespeare: "Malgasté el tiempo. Ahora el tiempo me malgasta a mi".

Nos falla mucho el cálculo del tiempo, pero quizás por encima de todo nos falla el enfoque o la perspectiva del para qué hacemos las cosas. ¿Es que todo consiste en que seamos buenísimos en algo? ¿Es que todo es para demostrar nuestro talento arrollador? ¿Es que todo hay que hacerlo para deslumbrar al mundo? La verdad es que a veces apetece mucho algo así, y también hay que intentarlo si es lo que te pide el cuerpo; pero sino, hay que trabajar como los grandes sabios, con la conciencia de que somos aprendices toda la vida.

El famoso pintor japonés Hokusai, dijo de sí mismo:
Desde la edad de seis años tuve la manía de dibujar la forma de los objetos. A los cincuenta años había realizado una infinidad de dibujos, pero todo lo que he producido antes de los sesenta no vale la pena ser tenido en cuenta. A los setenta y tres aprendí un poco acerca de la verdadera estructura de la naturaleza, de los animales, de las plantas, aves, peces e insectos. Cuando tenga ochenta, por consiguiente, habré hecho mayor progreso; a los noventa penetraré en el misterio de las cosas; a los cien habré alcanzado, ciertamente, una etapa maravillosa; y cuando cumpla ciento diez, todo lo que haga, ya sea un punto o una línea, estará vivo.”


Mi recomendación es doble: olvídate del tiempo, trabaja “sub specie aeternitatis” y reajusta tus metas: el qué y el para qué. Decía Einstein que el tiempo es relativo y la física cuántica lo corrobora. Da igual que no lo entendamos, todos tenemos la experiencia de que hay momentos eternos, de que a veces se nos para el tiempo y otras apenas corren las manillas del reloj. No pienses en términos temporales si eso hace que te desanimes.  Y respecto a las metas, ¡qué mejor ejemplo que la del pintor japonés! Nunca vamos a alcanzar la perfección, así que la mentalidad y perspectiva que nos conviene es la del aprendiz. Somos aprendices toda la vida: y tenemos hasta el último momento para seguir aprendiendo, mejorando, disfrutando…

IDEAS PARA RECORDAR
No tenemos una única vida uniforme, podemos tener muchas e intensas hasta el final.
No dejes que la edad sea un impedimento para empezar algo; entre otros motivos porque nadie sabe el tiempo que tiene y -el que tenemos- siempre es relativo.
Incorpora el lema latino: “Sub specie aeternitatis”. Mírate la vida bajo la perspectiva de la eternidad.
Aprende de los grandes sabios que saben que somos aprendices toda la vida.
Lánzate a lo que te apetezca . Si no lo haces te pasará igualmente el tiempo y te arrepentirás.


Foto: MarCruzCoach