sábado, 4 de abril de 2015

EL COACHING Y LA MAGIA DE LOS ENCUENTROS

“Tenemos que avivar siquiera una llamarada de aquella misteriosa fuerza magnética que existe entre alma y alma”. Stefan Zweig

El ser humano es el más complejo, frágil y poderoso de los seres que habitan sobre la tierra. Desde que nacemos, necesitamos estar acompañados en nuestro crecimiento personal por: padres, maestros, amigos, tutores, terapeutas, coaches,  ídolos…

No podemos desarrollarnos sin la ayuda de los otros: y el éxito de esas intervenciones depende en gran medida de la calidad de la relación afectiva que se establezca y del propio esfuerzo personal.

¿Por qué esa necesidad del otro para crecer, y sobre todo para sanar? Es curioso, porque en el fondo todo crecimiento y sanación sólo pueden producirse desde dentro; pero no podemos obviar los increíbles beneficios de hacerlo acompañado.

Stefan Zweig expresa muy poéticamente esa magia que sucede en los encuentros personales, en el diálogo, en el contacto afectivo, que por cierto, él reivindicaba especialmente para los médicos, pero que yo recojo también para maestros, coaches o terapeutas: “tenemos que avivar siquiera una llamarada de aquella misteriosa fuerza magnética que existe entre alma y alma”.


Así es. En el contacto personal suceden muchas cosas: se intercambian ideas, pensamientos, puntos de vista… pero también afecto, cariño, admiración, respeto, compasión… y de los cruces y las combinaciones de estos factores que desconocemos, se produce la chispa, la inspiración para ese crecimiento personal que anhelamos.

No cabe duda de que no hay crecimiento sin ideas o sin educación. Ya los filósofos griegos se percataron de que la frontera entre enseñanza y terapia es muy fina. Sócrates, Platón, Aristóteles, los estoicos y los epicúreos creían que la educación y la razón eran las herramientas necesarias para combatir el sufrimiento humano. Por eso, siempre digo que “la cultura... cura”.

Pero hay otra cualidad muy necesaria que sólo pueden ejercer los demás: hacernos de espejo. La pura introspección no siempre nos ayuda a conocernos mejor: es la mirada de los otros lo que nos hace muchas veces conscientes de cómo somos. Y aquí sí, la figura del coach es especialista en esta función, en hacerte ver tus puntos débiles; pero por encima de todo, tus fortalezas, tu brillantez, tu unicidad.

El coach vive empeñado en que te veas tus auténticas posibilidades. Es ese espejo capaz de devolverte tu propia imagen engrandecida, y de mostrarte no sólo lo que eres sino también lo que sueñas y lo que te gustaría ser. Y ésta es una manera genial de colaborar en tu crecimiento personal.

Insisto en que esto no es una invitación al narcisismo o al autoengaño. No se trata de que el espejo nos diga que somos “los más bellos del lugar”, sino de tratarnos con respeto y esperar lo mejor de nosotros mismos y, como decía una gran cadena de centros comerciales: se trata de que: “Te especialices en ti”.

Especializarte en ti será con toda seguridad una gran baza para tu vida. Y esto, entre otras muchas cosas, es lo que ofrece un proceso de coaching: porque siempre es muy beneficioso darse un tiempo y un espacio para la reflexión y la introspección, y para mirarse en el espejo del otro y compartir emociones e ideas.

IDEAS PARA RECORDAR: 
Todo crecimiento y sanación sólo pueden producirse desde dentro, pero no podemos obviar los increíbles beneficios de hacerlo acompañado.
No hay crecimiento sin ideas o sin educación.
La educación y la razón son herramientas necesarias para combatir el sufrimiento humano.
Quien es capaz de ver en ti no sólo lo que eres sino lo que sueñas y lo que te gustaría ser, ya está colaborando en tu crecimiento personal.
“Especialízate en ti”: es una gran baza para tu vida.
El coach es la persona que puede cumplir la función de darte ese espacio para la reflexión, para hacerte de espejo y desde ahí impulsarte a la acción.

Foto: MarCruzCoach