sábado, 11 de febrero de 2017

SÉ BUENO: ¡QUÉ GRAN ESTRIBILLO!

“Mas sea verdad o sueño,
obrar bien es lo que importa:
si fuera verdad, por serlo;
si no, por ganar amigos
para cuando despertemos” Calderón de la Barca.

Andreu Buenafuente le preguntaba a un psicólogo invitado a su programa: por qué en vez de dar recetas para ser feliz con libros de autoayuda no se recomendaba o se daban ideas para que la gente fuera mejor persona. Para sorpresa mía, el psicólogo se quedó “impactado” y sin respuesta, como si nunca se lo hubiese planteado. Sin comentarios.
La bondad no tiene muy buena prensa porque la asociamos a debilidad, flojera, cobardía y sobre todo a necedad y bobería. 
Realmente cuesta entender en qué momento una virtud como la bondad sufrió esa transformación.
Creo que se debe a que la bondad es la cualidad más excelsa que podemos ejercer, la más humana, la más alejada de la animalidad y la más alejada de la ley del más fuerte. Y el problema es que la realidad no se rige siempre por esas normas. Vivimos siempre a caballo entre un mundo regido por leyes justas con azotes de la ley de la selva. La bondad es la cualidad que triunfaría en un mundo justo, pero a veces se ve golpeada si se ejerce en un mundo injusto. De nuevo la paradoja, porque todos queremos (se supone) un mundo mejor y para ello cada uno de nosotros debe cumplir su parte. 

La bondad está en las antípodas de la flojera, tiene una fuerza y un poder de transformación inmenso. ¿Quién no recuerda cuando -en Los Miserables- el Obispo Bienvenue Myriel dice a la policía que él había regalado a Jean Valjean la vajilla de plata (cuando en realidad la  había robado) e incluso le añade dos candelabros más que dice haber olvidado dárselos? Ese gesto de generosidad fue el punto de inflexión para que Valjean se convirtiera en un hombre justo y bueno. Lo más inteligente es vencer el Mal con el Bien y no sólo en las películas o en las novelas.

En mis prácticas de coach realizamos el ejercicio de “conectar con tu niñ@ interior”. Es una práctica para intentar conectar con tus fuerzas más primigenias, con tu esencia, con tu yo más libre. También para mi sorpresa, los terapeutas se sienten defraudados si conectas con tu bondad. Ellos están esperando que conectes con tu mujer salvaje, que conectes con energías transgresoras. Pero ¿hay algo más salvaje que la bondad?, ¿hay algo más transgresor e impactante que hacer el Bien?

James Rhodes, mi pianista problemático, diagnosticado con todas las enfermedades mentales conocidas, siempre dice que Bach le salvó la vida, pero añade: Bach y “todas las personas buenas y generosas que me encontré en mi camino”. Así describe a su mejor amigo (y terapeuta): “Hay poquísimas personas en mi vida que sean siempre capaces de reaccionar a mi locura con bondad. Él es una de ellas”.
Y así habla de su esposa: “Su voz estaba llena de ánimo, amor, compasión…  con la sonrisa más bondadosa y más amable que había visto en mi vida, joder”.

Sí, estoy de acuerdo, la bondad es bestial, la bondad es seductora, la bondad tiene efectos pontentísimos, la bondad transforma a las personas, la bondad cura, la bondad nos impacta. Es el ingrediente básico que nos permite seguir soñando con un mundo mejor.

Es que el mundo de la “felicidad” es un mundo de tierras movedizas. Si no se define bien, se puede confundir con un bienestar burgués, blandengue y superfluo. Nos podemos encontrar alabando un hedonismo estéril. En cambio el Bien, hacer el bien es tomar un camino que siempre nos eleva.

Veía con mis hijos una película de Kun fu y el gran Maestro les decía a sus pupilos: “que el mundo no sea justo no quiere decir que tú no seas capaz de distinguir entre lo justo y lo injusto, entre el bien y el mal”. Es que hacer el Bien, perseguirlo, actuar justamente debería ser el gran aliciente de nuestro caminar por la vida.

Sí. ¡Qué ilusa! -estarán pensando algunos. Pues, no. No lo soy. Las cosas son así. Y ya los grandes sabios lo tuvieron claro. El gran Aristóteles sabía que sólo persiguiendo el Bien Supremo, se alcanzaría la verdadera felicidad. Otra cosa es que ahora no seamos capaces de grandes ideales. Otra cosa es que ahora la palabra “virtud” nos suene a chino. Pero sí: realizar las actividades de acuerdo a tu razón, perseguir la verdad y actuar haciendo el Bien, son las mejores recetas para el camino.
Así que, a bote pronto, el “sé bueno” de nuestras abuelas -un clásico de toda la vida- me convence bastante como un posible estribillo en nuestras vidas.

IDEAS PARA RECORDAR:
La bondad es la cualidad más excelsa que podemos ejercer, la más valiente.
Está en las antípodas de la flojera o la bobería.
Es transformadora, seductora, y terapéutica.
La bondad nos permite seguir soñando en un mundo mejor.
La idea de felicidad nos puede confundir; hacer el Bien, en cambio, siempre nos eleva.

“Sé bueno”, un excelente estribillo para nuestras vidas.

Foto: Mt. Santa Rita