viernes, 3 de febrero de 2017

LOS MOMENTOS “HYGGE” NO SON LA FELICIDAD.¡YA NOS GUSTARÍA!

“El corazón del hombre necesita creer en algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer”. Mariano José de Larra 

La globalización nos trae que yo acabe hablando de la actitud Mushotoku (palabra japonesa) y de los momentos Hygge (palabra danesa) como si tal cosa, con toda naturalidad. En castellano de toda la vida hablaríamos de ascetismo y de los pequeños placeres de la vida, respectivamente.

Leía esta semana que los daneses son de los pueblos  más felices del planeta y que esto se debe a lo que ellos llaman: tener momentos Hygge (se pronuncia juga). Como leí la noticia por varias fuentes y siempre acompañada de la recomendación de un libro, me quedó claro que la noticia no era más que la propaganda de dicho libro. Una de tantas promesas de felicidad que andan por ahí.

Pero bueno, analicemos: ¿Qué son los momentos Hygge? Los momentos caseros de tranquilidad, de velitas, manta y libro, manta y peli, o copa de vino, o charla con una amiga, galletitas caseras… ¿A quién no le apetece esto? En general, a todo el mundo y es lo que conocemos como disfrutar de los pequeños detalles. ¿Es esto importante? Sí, ¿muy recomendable? Sí, ¿da satisfacción? Sí, ¿El secreto de la felicidad? ¡Tampoco es eso! 

Los momentos “hygge” nos permiten relajarnos, sacian deseos de bienestar que sientan muy bien pero que no llegan muy lejos. ¿Por qué? Yo siempre hago caso a Kant y para ver si una idea es buena, la elevo a ley universal (para todos y en todo momento) a ver si funciona. ¿Nos podemos pasar todo el día con la velita encendida viendo pelis o leyendo? No, no y no. Los momentos hygge no parecen ser la esencia de la felicidad, son sólo un aderezo importante, son la sal de nuestros guisos, un condimento importante; pero si no tienes una buena vianda, de nada te servirá la sal. La vianda, por supuesto, serán tus propósitos, tus valores, tus principios.

Los momentos “hygge” son reconfortantes, los busco con frecuencia en mi vida, me permiten desconectar, me proporcionan pequeñas alegrías, pequeñas satisfacciones, ratos muy entretenidos; pero la felicidad profunda viene de actitudes más profundas y de sociedades inteligentes.

Yo siempre me quedo impresionada con la facilidad con la que los “científicos” miden la felicidad. ¿Saben lo que están midiendo? ¿Y saben cómo medirla? Porque si saben lo que es y  cómo medirla, ya no hace falta buscarla, ¿no? Digo yo. ¿Y cómo saben quién es feliz? ¿Porque lo dicen ellos? No sé, creo que a veces se confunden los síntomas con las causas; e igual que en las enfermedades, con frecuencia las causas son multifactoriales, cosa que tiene bastante lógica. Pero entonces si es así ¿por qué los resultados finales son siempre tan rimbombantes y taxativos? “El secreto de la felicidad es….X”.

¿Y a todos nos hace felices exactamente lo mismo, exactamente X y en la misma medida? ¡A ver si es que hay distintas especies humanas sobre la tierra y no lo sabemos! Los budistas son superfelices viviendo medio anestesiados de deseos, y los daneses los son en igual medida concediéndose pequeños homenajes a sus deseos. Clarísimamente, cada cual es feliz a su manera.

La verdad es que  -aunque no dudo de la felicidad de los daneses- no les veo dando lecciones: porque conseguir momentos “hygge” es algo que los del sur de Europa y, en especial los españoles, sabemos hacer bastante bien. Quizás nosotros en vez de galletitas caseras nos tomamos una cervecita con chipirones; pero vaya, que para buscarnos entretenimiento y para querer estar con los amigos no necesitamos muchas ideas. Lo que aún no sabemos hacer -y de eso sí deberían pasarnos la receta- es cómo han conseguido tener un nivel de vida tan alto donde no hay grandes diferencias salariales, donde los índices de criminalidad son tan bajos, apenas existe el paro, y nadie anda angustiado por perder su trabajo. ¡Eso sí nos haría muy felices a todos!

A los daneses, acostumbrados a esa latitud tan fría, les basta un rayo de sol para calentarse, quizás les basta pequeños momentos hygges para alegrar su corazón, yo soy más del sol del mediterráneo. No sé, mi sentido de la emoción y de la felicidad es más bravío, más épico. Ellos son más civilizados, gente de orden, no matan a nadie, pero les da más a menudo por matarse a ellos mismos, como a nuestro Larra. No deja de ser curioso que tengan las tasas más altas de suicidios siendo tan felices.

¡En fin! Si atendemos, en efecto, a los tres pilares básicos de la felicidad: bienestar, vinculación afectiva y ampliación de posibilidades, dicho en jerga de JA. Marina, sólo con momentos hygges la felicidad anda un poco coja. Pero da igual, venderán muchos libros porque nos encanta que nos mientan y que nos digan que las cosas son fáciles. Decía Larra: “El corazón del hombre necesita creer en algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer”. 

Y, a pesar de esto,  que conste que soy muy hyggeriana. ¡Ya mismo me enciendo una velita y llamo a mi amiga! A mi amigo budista ya lo llamaré otro día.

IDEAS PARA RECORDAR.
Los momentos hygge consisten en disfrutar de los pequeños placeres de la vida.
Los daneses lo asocian a momentos caseros: velitas, manta y peli, un buen libro o una reunión con amigos.
Son momentos muy recomendables. Son un buen condimento pero no el ingrediente principal.
La felicidad necesita de momentos hygge pero también de vínculos afectivos y proyectos sólidos fundamentados en tus principios y valores.
Cada uno es feliz a su manera: los budistas ahuyentando los deseos y los daneses dándoles algún que otro homenaje.
“El corazón del hombre necesita creer en algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer”.
Foto. Mt. Santa Rita