viernes, 27 de enero de 2017

MUSHOTOKU

“Tus resultados son el producto, o bien de tu concentración personal o bien  de tus distracciones. La elección es tuya.” John di Lemme

Mushotoku (無所得) no es uno que toca mucho. Perdonadme el chiste. 

Es una palabra japonesa que podría traducirse como ausencia de intención o de provecho: significa hacer algo sin esperar ningún beneficio personal.
Esta actitud –dicen desde la práctica del Zen- deberíamos llevarla a cada momento del día para que fuera completa.
Para mí esta actitud lleva implícito el no deseo: es casi como actuar sin sentir, sin esperanza, sin motivación.

Con esta definición ya se ve que vivir en actitud “mushotoku” no es tan fácil porque hay muchas acciones bellas y gratuitas que hacemos pero que, en el fondo, sabemos que nos hacen sentir bien: como ayudar a los demás, oír música o meditar. Incluso en el meditar hay esa intención de encontrarse a uno mismo o de mejorar. Realmente una auténtica paradoja.

En cualquier caso, esta palabra llegó a mí a través de un amigo budista y me la quedé. Me dio risa, me gustó. Me hizo reflexionar. Y dada mi formación cristiana, la asocié a las palabras de Jesús según San Lucas 12:27

 Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan ni hilan; pero os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de éstos (…), no busquéis qué habéis de comer, ni qué habéis de beber, y no estéis preocupados. Porque los pueblos del mundo buscan ansiosamente todas estas cosas; pero vuestro Padre sabe que necesitáis estas cosas. Mas buscad su reino, y estas cosas os serán añadidas.”

Los budistas buscan el nirvana, la iluminación: momento de extinción de los deseos materiales. Los cristianos buscan el reino de Dios, la santidad (absoluta perfección moral cuya máxima virtud es el amor profundo a Dios). Yo aprecio un nexo común en ese aspirar a una cierta vida contemplativa, recreándose en lo gratuito y en el placer de ser ante Dios, ante el universo. Ambos absolutamente de acuerdo en el valor del ascetismo.

También, ciertos pensadores griegos invitaban a la ataraxia: estado de ánimo que se caracteriza por la tranquilidad y la total ausencia de deseos y temores.

Así que parece que desde tres grandes filosofías se nos recomienda la acción desinteresada, la ausencia de deseos, la contemplación, llevar una vida más allá de la utilidad.

La aspiración es inquietante: invitan a nuestro Ego a que se suicide: y eso, no es tan fácil. Pero está bien tenerlo como aspiración, como meta, como modelo casi inalcanzable pero en el que sospechamos que hay un gran valor. Y mientras no llegamos a eso, porque somos demasiado humanos, al menos nos lo vamos proponiendo y lo asumimos en la intención.

Spinoza nos dice que la esencia del hombre es el deseo y Buda pensó que admitir el deseo era condenarse a una insatisfacción inevitable.

¿Se puede ser humano y no estar loco? Bueno, es fácil adivinar que lo estamos todos un poquito: estamos siempre en esa necesidad de reequlibrar el desequilibrio (que diría JM. Marina) porque la tensión nos angustia, pero la falta de tensión nos aburre a la mayoría de los mortales -excepto a los grandes maestros, a quienes la falta de tensión les maravilla-. 

En definitiva, seguiremos deseando, -está en nuestra naturaleza- pero fomentar la gratuidad, el no provecho, contemplar el arte, practicar el silencio, salirse del alboroto que llevamos dentro nos ayuda en esa “conquista de uno mismo”. Desde esa actitud silenciosa y pura podemos encontrar ese “sí mismo” sin sombras, podemos encontrar la luz.
Curiosamente es lo contrario a lo que nos invita continuamente la sociedad: "el trabajar por objetivos".
En fin, no lograremos estar siempre en modo “Mushotoku”, pero si lo conseguimos de vez en cuando, estaremos avanzando en la creación de nosotros mismos.

IDEAS PARA RECORDAR:
La actitud Mushotoku invita a actuar sin esperar ningún beneficio personal.
Desde tres filosofías diferentes se nos anima a practicarla: budismo, cristianismo y filosofía griega.
Esta actitud implica cierto ascetismo: el no desear, el no afanarse, el no trabajar por objetivos.
Esta práctica parece ir contra el sentido común y las demandas de nuestro Ego.
Invita a la contemplación y al silencio: momentos necesarios para la conquista de uno mismo.

Foto: Mt.Santa Rita.